Generalmente, entendemos por estudiar, "chanconear", "aburrido", "clavar los codos" o expresiones similares, pero esta forma de ver el estudio refleja cierta actitud negativa hacia el mismo.
Es más bien una respuesta dada por falta de motivación y desconocimiento de nuestras potencialidades, ya que si no tenemos el hábito de trabajar intelectualmente, puede resultar una tarea pesada y poco agradable.
Deberíamos observarnos y tratar de saber por qué y para qué estudiamos (para aprender, para aprobar, etc.).
Recordemos el refrán: "Nunca te acostarás sin saber una cosa más". A través de una conversación, una reflexión, leyendo un texto o escuchando una conferencia estamos aprendiendo, y por lo tanto, estudiando.
En algunos casos la ausencia, y en otros la aplicación de erróneas técnicas de estudio son el motivo principal del fracaso en el mismo. Si para realizar cualquier actividad o trabajo necesitamos una serie de herramientas y métodos para llevarla a cabo, entenderemos también, que necesitamos una serie de habilidades y destrezas que nos sirvan de apoyo en el estudio.
A poco que profundicemos en el tema nos daremos cuenta de que las técnicas de estudio están encaminadas a eliminar ciertas trabas o factores negativos que se nos presentan, como por ejemplo: falta de motivación, de atención, de memoria, errores en la lectura, u otros.
Se trata de conocer en qué fallamos para poder corregir los errores y mejorar nuestro rendimiento. No se trata de "horas" de estudio, sino de estudio eficaz y productivo.


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